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La Virgen del Soterraño y su devoción en Dos-Hermanas

Reminiscencias extremeñas...

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virgen del soterraño
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Aspecto relevante de la Dos-Hermanas del Siglo de Oro es, cómo no, el de las devociones y creencias religiosas. Máxime teniendo en cuenta que Dios estaba presente en cada rincón, en cada detalle y aspecto de la vida cotidiana. Mucho se ha escrito sobre las principales devociones de los nazarenos del XVI-XVII, como eran las de Santa Ana (Patrona de la villa), el Santo Cristo de la Vera-Cruz, Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora de la Soledad, por citar las más destacadas. Pero poco se ha escrito de las llamadas “devociones menores”, aquellas que, aun siendo relevantes, no alcanzaron el grado de importancia de las anteriores. Nos estamos refiriendo, principalmente, a las devociones que venían de fuera de la villa, como las del Santo Cristo de San Agustín de Sevilla o Nuestra Señora de Consolación de Utrera.

En esta ocasión nos vamos a centrar en una devoción que ha pasado desapercibida hasta ahora. Una devoción que fue traída a la entonces villa en los años finales del XVI y principios de la siguiente centuria desde el sur de las tierras extremeñas: la de la Virgen del Soterraño.

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La Virgen del Soterraño (deformación fonética de Subterráneo) es una bella imagen medieval cuya festividad se celebra en septiembre, venerada en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Soterraño de Barcarrota (Badajoz), de donde es patrona. Alcanzó una gran importancia en época Moderna, llegando a numerosas poblaciones del sur de la actual provincia de Badajoz. Y según parece, fue traída a Sevilla por influencia de don Juan Portocarrero y Cárdenas y doña María de Osorio, marqueses de Villanueva del Fresno y señores de Moguer (dueños desde 1539 de la jurisdicción de Barcarrota), que residían en la collación sevillana de San Nicolás, donde se encuentra una imagen bajo la misma advocación de Virgen del Soterraño. Aunque una tradición dice, en cambio, que hacia 1492 apareció esa talla bajo los cimientos de la iglesia de San Nicolás.

Pero, ¿cómo una devoción extremeña, concretamente de Barcarrota, llegó a Dos-Hermanas? Buena parte de la “responsabilidad” recae en la destacada comunidad extremeña presente en nuestra ciudad, al menos, desde el primer tercio del siglo XVI. El primer extremeño documentado que residió aquí, concretamente en el heredamiento de Quintos, fue Diego Sánchez Cordero, natural de Monesterio, en el maestrazgo de Santiago, que otorgaría testamento en 1536.

Además de éste, pertenecieron a esa comunidad extremeña en Dos-Hermanas numerosas personas procedentes de Magacela, Don Benito, La Zarza, Llerena, Alcántara y.… Barcarrota, siendo esta comunidad la más importante de la entonces villa tras el grupo de portugueses. Estos extremeños trabajaron en las diversas haciendas que a lo largo de los siglos XVI-XVII fueron apareciendo en el término municipal nazareno.
Fue el caso de Pedro Rodríguez, capataz y mayordomo (en 1623) de la hacienda de doña Francisca Francisco, viuda de Gonzalo Fernández de Herrera y vecina de Sevilla. Pero también hubo muchos extremeños pertenecientes a lo que se conocía en aquella época como “gentes del mal vivir” y que pululaban por tierras de la Serrezuela. Pero ese es otro tema…

En cualquier caso, fueron estos extremeños los que trajeron la devoción a la Virgen del Soterraño a Dos-Hermanas, bien a través de Sevilla (de la referida parroquia de San Nicolás) o directamente desde tierras pacenses. Y dicha devoción aparece reflejada en numerosos testamentos del primer tercio del siglo XVII. Ahí están los casos de Jerónimo Moriano (1611), Luis Mateos (1611), Zenón de la Cruz (1616), Alonso Muñoz (1616), Marina Ximénez (1618), Francisco de Rivas (1618) y Juan del Río (1619), quienes mandaron que se dijese una misa de ánima (la que se dedica al eterno descanso del alma del difunto) a Nuestra Señora del Soterraño.

Asimismo, en la difusión de esta devoción en nuestra ciudad jugarían un papel destacado Gabriel Rodríguez y su esposa Juana de la Cruz, vecinos precisamente de Barcarrota y residentes en Dos-Hermanas, donde el referido Rodríguez trabajó en la casa hacienda que Juan Hidalgo, jurado y veinticuatro de Sevilla, tenía en la calle Real.

Sin embargo, a partir de mediados del XVII comenzó a decaer, de tal forma que ya no encontramos ninguna mención a la Virgen del Soterraño en los testamentos y últimas voluntades de los nazarenos. La paulatina disolución de la comunidad extremeña en nuestra villa, que sería sustituida por los muchos gallegos que se establecieron en Dos-Hermanas a partir de las décadas finales de aquella centuria (y sobre todo a lo largo del XVIII), llevó consigo la “desaparición” de esta devoción mariana en nuestra localidad.

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