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(Luca 9,1-10) EL PAPA Francisco tiene que soportar la crítica abierta de sectores más o menos inmovilistas de la iglesia porque en la exhortación apostólica Amoris laetitia ha abierto la puerta a que, desde un discernimiento eclesial sereno y bajo condiciones concretas, los casados por la iglesia, divorciados y vueltos a casar puedan recibir la comunión.

A algunos les parece que cualquier excepción en la ley anula la ley entera.

Las leyes morales que la Iglesia propone como camino para la vida tienen la importante misión de ir haciéndonos “dignos de la vocación” (2Tes) a la que hemos sido llamados. Vivir fieles a la vocación que Dios nos hace vivir en plenitud personal. Pero la vida de todos está llena de pecado y de debilidad; cada uno puede dar testimonio de esto de muchas formas. Por eso es tan gratificante escuchar lo que nos dice la primera lectura del próximo domingo, que el Señor corrige poco a poco a los que caen para que apartándose del mal crean en Él.

El señor siempre nos acoge tal y como llegamos a él. Ya seamos hijo pródigo o mujer adúltera, Pedro o Judas… Dios.

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