Isabel Orta Peral, enfermera Capitana Optimista

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isabel orta peral
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La enfermera del Hospital de Valme, Isabel Orta Peral, ha recogido en Valencia su premio como Capitana Optimista 2021. Un reconocimiento de la Fundación Hospital Optimista por los cuentacuentos que lee a los niños hospitalizados o los poemas que mandaba a sus compañeros durante la pandemia.

Isabel Orta Peral es, a sus 60 años, enfermera desde el año 1987, siendo el Hospital de Valme el centro en el que lleva más años trabajando. Nacida en Las Cabezas de San Juan, es vecina de Dos Hermanas desde el año 1994 y siempre ha destacado por ser una enfermera que irradia alegría y dispuesta a ayudar a los demás.

¿De dónde le viene esta afición por cuidar de la gente y hacerlo con esa actitud positiva?
Yo quise ser médico y, al final, me metí en Enfermería y ahí me di cuenta que era lo que quería porque más que curar, me gustaba cuidar a la gente y siempre he sido una persona muy cercana. Hay muchas formas de cuidar, como cuando mandaba poemas a mis compañeros durante la pandemia.  La primera vez que me puse la nariz de payaso fue en 2019, como presentadora de un acto homenaje a los profesionales que se jubilan. Venía de hacer el camino de Santiago con la nariz puesta porque se lo prometí a un amigo que falleció. En este acto me vio la supervisora de pediatría y empezó todo lo de los cuentos a los niños enfermos. Y ahora la vida me da este regalo porque yo siempre quise ser enfermera payaso, aunque una vez me cortaron las alas cuando le canté a un enfermo porque decían que debía guardar la compostura.

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¿Cómo ha recibido este premio de Capitana Optimista?
Cuando recibí hace poco el premio pensé en mis compañeros, ya que sin ellos no estaría aquí porque no conocía a la Fundación Optimista. Además, me he dado cuenta que hay muchas personas con ganas de humanizar y dar ese plus más a la sanidad. Este premio me ha dado aire para insuflar mis alas y seguir volando, ya que siempre estás ideando cosas. Ha sido un subidón y ahora se puede seguir luchando y riendo. Ha sido muy bonito el recibir el aplauso del público y me acordé de mis padres.

Es un reconocimiento elegido por votación popular. ¿Cómo ha vivido el proceso?
Fueron dos semanas muy bonitas porque había compañeros que, sin conocerme, cuando me veían, decían “tú eres la Capitana Optimista, yo te he votado”.  Al final me han votado más de 6.000 personas, de todos los rincones de España e incluso de Portugal e Inglaterra. Me han votado compañeros, quienes han movilizado, además, a familiares, amigos y asociaciones de pacientes. Yo ya había ganado con el cariño de la gente y todos estamos en esta historia, aunque yo vaya delante con el banderín.

“Yo siempre quise ser enfermera porque me gusta más cuidar que curar”

¿Cómo es el día a día de Isabel Orta Peral como enfermera?
Yo no trabajo en el área de Pediatría, yo estoy en medicina preventiva y no tengo contacto directo con los pacientes. Cuando me dicen que hay algún niño triste o que es su cumple, me pongo el gorro y la nariz de payaso para contarles un cuento. El mayor plus es cuando les veo las caras de sorpresa. Ahora  tengo en mente hacer un fondo de libros para leérselos a las personas mayores, ya que me he dado cuenta que me gusta leer a los demás.

¿Esta actitud de Capitana Optimista la extrapolas a todos los ámbitos de su vida?
Soy muy niña, porque ¿quién no lleva un niño dentro?, y siempre llevo esa filosofía a todo lo que hago. Mi niña, a pesar de mis 60 años, cada día está más grande de altura espiritual.

¿Esta distinción es una forma de contrarrestar esa opinión que se tiene a veces de la mala actitud que pueden tener algunos profesionales sanitarios con las personas usuarias?
El Hospital de Valme es mi referencia, porque es donde he estado más tiempo, 17 años, y  los profesionales realmente cuidan con esmero, aunque garbanzos negros los hay en todos sitios. Además, hay que tener en cuenta la sobrecarga de trabajo y hay gente muy exigente que no se da cuenta que lo que tiene delante es a otra persona. En el hospital hay muy buenos profesionales y los aplausos del Covid-19 se han convertido en puñales. Yo soy el mismo y, aunque me grites, te voy a seguir  atendiendo.

Con esa actitud tan positiva, ¿eres de las que le costará despegarse de su trabajo y este tipo de colaboraciones una vez llegue la jubilación?
Si me piden algo, ahí estaré, pero tengo otras historias en mente, como dedicarme a mi parte más artística, la escritura o la fotografía.  Aunque no me gusta planificar mi vida.

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