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El  pasado fin de semana se estrenó en el teatro municipal el musical Un  solo  corazón,  una  sola  alma,  organizado por el Colegio  Ntra.  Sra.  de la  Compasión.  No fue un espectáculo mas,  ya que desde que se abrió el telón  se percibieron emociones a flor de piel y la familia compasionista lo dio todo.  

Con la  entrañable narración de Ana Trujillo, los  tres protagonistas principales guiaron a los espectador para que recorrieran un camino a través del tiempo, la historia, los valores de la congregación y cómo fueron transmitidos por su fundador, Mauricio Garrigou, con la inestimable ayuda de Juana  Maria Desclaux y la condesa de Mac-Carthy.  

El elenco fue entrañable, integrado por alumnado de todos  los cursos, profesores, padres, madres e incluso abuelos y abuelas, envueltos con la música de la orquesta dirigida por Guillermo  Martínez Arana y los cánticos  del Coro de la Hdad. de la Amargura, con la dirección de Rosa Ana Martinez Arana. Todos ellos nos regalaron un espectáculo único e irrepetible.

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Con una puesta en escena atractiva, con canciones y coreografías actuales, bajo la dirección de Virginia Pérez,  profesora  de música del centro, la obra llegó a tocar la fibra sensible en cada acto, con una ternura cercana.

Por lo que este musical consiguió fundirse con el publico, llegar a cada  uno  de los  que estaban allí presentes, muchos de ellos familias, antiguos alumnos o amigos de la familia compasionista. Sintiendo en todo momento que formaban parte de algo, en este caso, la Compasión, y llegando a tocar el alma cuando se recordó a la figura de la profesora de música Arantxa Sánchez Portales, fallecida recientemente y que tuvo la idea de este musical. Estuvo representada por una rosa blanca en el centro del escenario.

El público sintió que estaba viviendo un evento único, fruto del trabajo de muchos meses, con el esfuerzo y dedicación de aquellos que lo hicieron posible. Haciendo justicia con el título de la obra, Un solo corazón, una sola alma, ya que todos los presentes vivieron en una burbuja sentimental, con emociones a flor de piel, de la que no querían salir.

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