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La estafeta u oficina de correos de Dos-Hermanas debió crearse a fines de la década de 1840, en el reinado de Isabel II, y dependía de la Administración Principal de Correos de Sevilla, que era la institución encargada de nombrar cartero en nuestra ciudad. Ya en el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España (1849) de Pascual Madoz se apuntaba la existencia del servicio postal en nuestra villa.

Sin embargo, las primeras noticias acerca de la estafeta nazarena no van más allá de 1879. En ese año era cartero de la villa Juan Saavedra Troncoso. El buzón de cartas, y, por ende, la oficina de correos de la villa se encontraba en una habitación de su domicilio. A principios de 1880 cayó enfermo con pulmonía, por lo que en enero de ese año el alcalde nazareno José Carballido envió una misiva al administrador principal de Correos hispalense en la que le informaba de que ante la enfermedad de Saavedra había «autorizado provisionalmente alguardia municipal Manuel Terrero Alcoba para que recoja y reparta la correspondencia cuyo apartado se verifica en las casas consistoriales».

Al día siguiente, con una espantosa celeridad, el administrador contesta mediante otra carta que quedaba enterado de la decisión tomada y la aprobaba si bien el alcalde debía comunicarle «cuanto pueda ocurrir respecto este particular para determinar lo que corresponda». En vista de que no mejoraba la situación del cartero, el alcalde nazareno pensó en trasladar el buzón de correos a las casas consistoriales, porque «el dependiente encargado para recoger y repartir la correspondencia le precisa estar continuamente en la cartería para las diferentes reclamaciones que se presentan, faltando por tanto a llevar el servicio que debiera en la Alcaldía, lo cual se evitaría adoptando dicha determinación». El administrador general aprobó la decisión.

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Finalmente, el cartero Juan Saavedra falleció a las seis de la tarde del 20 de enero de 1880, y ese mismo día el alcalde de Dos-Hermanas dio parte del suceso al administrador, y Manuel Terrero continuó desempeñando las funciones de cartero (de manera definitiva desde el día 28 del referido mes) durante el mencionado año. Pero en los primeros días del mes de diciembre de ese 1880, Terrero cayó enfermo, por lo que el alcalde nazareno autorizó a Juan Castro Claro (quien, curiosamente, llegaría a ser alcalde en 1904) «para que recoja y distribuya la correspondencia pública durante la enfermedad de aquel», dando nuevamente cumplida cuenta al administrador.

El buzón, tras su paso por las casas consistoriales, quedó establecido en uno de los estancos más céntricos de la villa, como bien se recoge en una carta enviada por el alcalde de Dos-Hermanas al administrador principal fechada en noviembre de 1882. Parece ser que Manuel Terrero ejercía el oficio de cartero con bastante eficacia. Así, al menos, lo refería el alcalde Cózar Muñoz al administrador principal: «sin temor a equivocarme no hay localidad alguna en toda la provincia donde esté mejor servido el ramo debido al celo del cartero don Manuel Terrero Alcoba, que diariamente reparte cuatro veces la correspondencia, sin quedarle más que el tiempo indispensable para su descanso».
Por otra parte, en septiembre de 1882, el Director General de Comunicaciones anunció que desde el 1 de octubre los trenes mixtos ampliaban su número de paradas, siendo la estación de Dos-Hermanas una de las agraciadas. Cualquier carta, impreso o periódico enviado desde Madrid a Dos-Hermanas y viceversa llegaría a su destino en el mismo día.

Para 1887 estaba vacante el cargo de cartero, que en aquel entonces tenía un sueldo de 375 pesetas anuales. Poco tiempo estuvo vacante, pues en 1888 ya actúa como cartero Agustín Barrios Arquellada, un militar retirado que fijó su residencia en Dos-Hermanas.

En 1892 fue nombrado cartero de la villa José Zamudio, que hasta entonces había sido «peatón» de Marchena a Puebla de Cazalla. En esa década final del XIX el servicio de correos en Dos-Hermanas no debía ser del todo óptimo, a pesar de que en 1894 se contrató a otro cartero, Rafael Ojeda Pérez. Así, Joaquín Casanovas Ferrán se quejaba en 1895 del servicio postal nazareno en una carta fechada en 23 de abril de ese referido año donde decía: «Me falta el número de su periódico correspondiente al 19 del corriente Abril, folletín número 9, páginas 33 al 36, por las frecuentes deficiencias de los empleados de correos». Y en agosto de 1898, Lamarque de Novoa se quejaba en una carta dirigida a su amigo Luis Montoto del servicio postal nazareno en estos términos, de sobra conocidos: «He escrito á mi casa para que me enviaran sellos de á diez céntimos con objeto de poder certificar mi libro al enviarlo a mis amigos. Aquí, en este pueblo, no hay sellos de guerra ni de diez céntimos, ni tarjetas postales; pero hay tres o cuatro tabernas en cada calle y ¡vamos progresando!»

Por último, en enero de ese año cayó enfermo Ojeda y el alcalde de la villa autorizó a Manuel Monge Gómez, dependiente municipal, para que ejerciera las funciones de Ojeda durante su convalecencia.

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