El siglo XX y los párrocos de Sta. María Magdalena

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Regresamos con la nómina de párrocos de la iglesia de Santa María Magdalena, centrándonos en esta ocasión en los del primer tercio del siglo XX.

37 DOCTOR ANTONIO ROMERO MONTES. Cura párroco de la iglesia de Santa María Magdalena [1890-1920].

Natural de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), donde nació en 1856, era hijo del labrador Sebastián Romero Rodríguez (1828-¿?), de oficio arrumbador, y de María de las Mercedes Montes Ibáñez (†1887), enterrada esta última en la capilla de San Sebastián, a los pies del retablo mayor. Fue prelado doméstico de Su Santidad, misionero apostólico y doctor en Sagrada Teología.

Tuvo cinco hermanos que terminaron viviendo en nuestra ciudad: Amalia (1843-1915), José María (1854-1915), el presbítero don Sebastián (1861-¿?), Francisco (1865-¿?) y Mateo Romero Montes (1869-¿?). Llegó a Dos-Hermanas a principios de 1886, para ocupar el cargo de cura ecónomo de la parroquia. Andado el tiempo, residiría en la casa rectoral, que entonces ocupaba el número 3 de la calle Conde de Ibarra (Real de Utrera).

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De ideas tradicionalistas, formó parte del Partido Integrista de Dos-Hermanas a fines del siglo XIX y fomentó la reorganización de las viejas hermandades nazarenas y la creación de nuevas. En febrero de 1890, es nombrado cura párroco de Santa María Magdalena y, a partir de entonces, emprendió una serie de actuaciones con idea de mejorar el edificio. A mediados de 1897, consiguió el doctorado en la abadía del Sacromonte de Granada. Asimismo, protagonizó varias polémicas, alguna de las cuales apareció en la prensa de la época. Así, en el periódico EL MOTÍN, publicado el 15 de septiembre de 1910 se reseñó lo siguiente: «En Dos-Hermanas, el padre cura D. Antonio Romero Montes, ha saldado una cuenta disparando al deudor un tiro en la cabeza. El cura es un viejo usurero. Prestó a réditos usurarios una cantidad a su convecino, un pobre hombre. Este fue a decirle que no podía abonarle un plazo. Se enfadó el padre de almas, gritó, insultó, y, sacando un revólver, disparó. El herido está grave. La Guardia civil ha tenido que proteger al criminal de las justas iras del pueblo. – M. ¿Qué tal ese despreciador de los bienes terrenales? Que le vayan con lo de «perdónanos nuestras deudas». Si sólo por pedirle un plazo para pagarle la que con él tenía, ha andado a tiros con ese infeliz, ¿qué no hubiera hecho si llega a decirle que no se la paga? Lo asesina tres o cuatro veces. ¿En qué escuela sin Dios habrá aprendido que el único Dios en la Tierra es el dinero, y que debe exterminarse al prójimo, yasea para adquirirlo, ya para recuperarlo? Es un tipo presidiable / el que vive de la usura; / pero si además es cura, / ¡fusilable, fusilable! …». De todas formas, hay que tener cierto cuidado con dar veracidad a este hecho que se relata en la noticia, dada la ideología republicana y abiertamente anticlerical del rotativo.

Polémicas aparte, en los primeros años del siglo XX inició la construcción del actual cementerio de San Pedro, aunque al poco cedió tal iniciativa al Ayuntamiento nazareno, y en 1892 creó el Centro Obrero Católico de Dos-Hermanas, siguiendo las enseñanzas del Papa León XIII (en especial la famosa encíclica Rerum Novarum). Sin embargo, esta asociación tuvo muy poco calado entre la clase obrera nazarena, mucho más predispuesta a las tesis anarcosindicalistas. Por otra parte, el 27 de febrero de 1894 se constituyó una Junta Parroquial, presidida por el párroco don Antonio Romero, para organizar una peregrinación a Roma (sufragada con limosnas), para agradecer al referido pontífice la publicación de la antes citada encíclica, «valiente defensa de los derechos de los trabajadores», en palabras de la época. Finalmente, falleció en nuestra villa el 27 de noviembre de 1920 a consecuencia de una arteriosclerosis, según certificado médico expedido por el médico Manuel Calvo Leal.

38 LICENCIADO MANUEL LÓPEZ DOVAL. Cura ecónomo de la iglesia de Santa María Magdalena [1920-1926]

Nacido en Dos-Hermanas el 7 de enero de 1874, era el primero de los diez hijos habidos en el matrimonio formado por los nazarenos Agustín López Rivas (1846-1898), que llegó a ser concejal en el consistorio nazareno, y de Dolores Doval Cózar (1847-¿?).

Tuvo cinco hermanos que terminaron viviendo en nuestra ciudad: Amalia (1843-1915), José María (1854-1915), el presbítero don Sebastián (1861-¿?), Francisco (1865-¿?) y Mateo Romero Montes (1869-¿?). Llegó a Dos-Hermanas a principios de 1886, para ocupar el cargo de cura ecónomo de la parroquia. Andado el tiempo, residiría en la casa rectoral, que entonces ocupaba el número 3 de la calle Conde de Ibarra (Real de Utrera).

Su padre pertenecía a una destacada familia de la villa, los Varela, que ocupó la alcaldía de la villa en varias ocasiones en el siglo XIX. El 7 de octubre de 1900 cantó su primera misa en la iglesia de Santa María Magdalena, interviniendo en esa celebración el presbítero nazareno don Rafael Rodríguez García. Antes de recalar en nuestra villa fue teniente de cura y coadjutor de la parroquia de San Nicolás de Sevilla (1900-1911). Durante su estancia en la capital, residió en el n.º 21 de la calle Puerta de la Carne, con sus hermanos María, Adela y José López Doval. Después fue coadjutor de la iglesia de la Magdalena de Dos-Hermanas (1911-1920) y, a la muerte de don Antonio Romero Montes, se hizo cargo de la parroquia nazarena (1920-1926). Tras su paso por Dos-Hermanas, fue párroco de Villanueva del Ariscal (1926-1936) y párroco de Santiago el Mayor de Utrera (1936-1953), además de arcipreste de esa última ciudad. Allí celebraría sus bodas de oro sacerdotales con una misa el 7 de octubre de 1950, participando en la misma el doctor Francisco Javier Alert Solá, canónigo magistral de la Catedral de Sevilla. Finalmente, falleció en Utrera el 12 de abril de 1953.

Foto del mes
Esta fotografía pertenece a la Fototeca de la Biblioteca Municipal y data de mediados de la década de 1980. En ella vemos la fachada principal de la capilla de Señora Santa Ana, la única que es visible desde el exterior. A la izquierda vemos el testero de la parroquia de Santa María Magdalena, y, a la derecha, el convento de las Dominicas del Santísimo Sacramento.
Podemos apreciar ahí una puerta que hoy ya no existe, pues fue tapada y sustituida por otra que se abrió donde vemos la ventana del fondo. Tampoco se conserva en ese lugar el azulejo que representa a Santo Domingo y que se encontraba sobre la referida puerta. También es llamativa la ausencia de la cruz que remataba la espadaña de la capilla.

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