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(Marcos 9,37-42) QUE TIEMBLEN LAS potencias del mundo que buscan solo afianzarse en su poder, sin atender a las necesidades verdaderas de los más pobres. El Señor que viene pronto las confrontará con su fuerza.

Qué tiemblen los que se enriquecen con el tráfico de armas y de drogas, y hasta de personas, los que ponen en una balanza su beneficio económico y la vida de las personas. El Señor, que viene pronto, los avergonzará con su mirada.

Qué tiemblen los que colaboran para que el comercio y el mercado financiero internacionales sean una burbuja negando vivienda y trabajo a los sencillos. El Señor, que viene pronto, los destronará con su justicia.

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Temblemos también nosotros; que con nuestra actitud de egoísmo no buscamos siempre el bien de los más pobres; y con nuestra ceguera e irresponsabilidad entramos en enfrentamientos estériles y en la cultura consumista y de lo políticamente correcto, que corta nuestras raíces y acorta nuestro horizonte personal. El Señor ya llega.

Adviento significa alzar la cabeza para ver la misericordia y la justicia que vienen; aunque al principio, como quien pasa de las tinieblas a la luz, sintamos dolor por nuestros propios pecados.

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