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Aseguraba seguir estando en deuda con la Virgen de Valme tras ayudarle a superar uno de los trances más difíciles de su vida, un cáncer, y por eso, este domingo, segundo de octubre, le ha ofrecido su pregón como «un ramo de palabras con flores de agradecimiento». Así comenzaba el periodista José Manuel de la Linde su Pregón de Valme en la Parroquia de Santa María Magdalena. «Me pongo ante ti a puerta gayola», afirmaba, «para contarle al mundo la devoción a Valme» y para demostrar que «en Andalucía se puede rezar a través de los sentidos«. Para ello, ha pedido la colaboración del público, pidiéndole que «sientan a la Virgen desde el interior del alma».

José Manuel acababa, que fue presentado por su compañera de Canal Sur Radio, la también periodista Ana Giráldez, ofreció al público una detallada crónica de sus vivencias de la romería con algunos guiños al pasado de esta celebración, entre los que no pudo faltar su particular homenaje a su bisabuelo, Diego Justiniano Lamadrid, el artífice de las primeras carretas de flores de papel para la Virgen en 1920. Una persona a la que «se le daba bien el mundo del arte» y en cuanto vio a Valme «fue capaz de soñar una carreta de flores rizadas», encargándose junto a sus nietos de exornar la carreta.

En este repaso por los cajones de su vida en torno a esta tradición, de la Linde recordó su primer pregón a la Virgen cuando de niño iba a la parroquia con el colegio para hacerle una ofrenda y recitar unos versos. Pero también rescató las convocatorias de cultos que colecciona, «el mejor heraldo de nuestra romería, ¡cuánto amor en un trozo de papel, un tesoro de un gran valor que me acompaña en mi escritorio». O esa fotografía «en blanco y negro que todos tenemos y que nunca vamos a olvidar», en su caso, «la de mi primera romería en el año 1975, con mi madre, montados en un coche de caballo». Momento que aprovechó para dedicar unas palabras a las madres, «los verdaderos vasos comunicantes de esta tradición, como la mejor metáfora del amor y la protección que la virgen ejerce sobre sus hijos».

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El pregonero echó la vista atrás con nostalgia para lanzar un grito melancólico, «¡qué bonitos eran los caminos de antes y qué poco queda!». Ya que, explicó, «antes la romería iba al campo, lleno de caballos, y ahora es una celebración prácticamente urbana«, relatando los enclaves más destacados del camino a Cuarto que se han ido ocultando ante los avances del progreso.

José Manuel narró con maestría su visión personal de la Romería de Valme, en una narración cargada de detalles y continuas alusiones a personas imprescindibles de esta celebración y de su vida. Un texto menos lírico que lo que se acostumbra a ver en este tipo de pregones y sin finales de estrofa en altura, sin exclamaciones. Algo que no impidió que los aplausos no dejaran de sonar en la parroquia en la escasa hora que duró su pregón.

Sobre todo en la parte final del mismo, en la que el pregonero convocó a los asistentes a «vivir la romería cada uno de los días del año… ¿No lo estáis sintiendo en el corazón?». Anunciando que «pronto llegará un nuevo tercer domingo de octubre», pero, mientras tanto, «camina a Cuarto con tus recuerdos«. Ahora «se abre una nueva víspera y soñaremos con el próximo mes de octubre cuando volvamos a ser romeros de Valme«.

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