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El siglo XVIII y los párrocos de Sta. María Magdalena

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Retomamos la nómina de párrocos de la iglesia de Santa María Magdalena con los curas del siglo XVIII, centuria fundamental en el devenir histórico de la parroquia nazarena.

23 Pedro Fontiveros de Oropesa. Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1705-1710).

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Ordenado sacerdote en 1701 en Llerena, por don Antonio Álvarez de Acebedo, con dimisorias del arzobispo de Sevilla, sucedió en el curato nazareno al bachiller Palacios. Según testimonios de la época, cumplía muy bien con sus cargos, disfrutaba de mucha paz y tranquilidad, aunque era de capacidad muy limitada y algo porfiado. En 1719, sabemos que se encontraba en la parroquia de San Juan de la villa de Las Cabezas.

24 Mateo Román. Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1710-1721).

Nacido en 1680, realizó estudios de Filosofía y Teología Moral en la ciudad de Sevilla. Fue nombrado párroco de Santa María Magdalena de Dos-Hermanas el 30 de junio de 1710, llegando a nuestra villa unos días más tarde. Según quedó reseñado en algún que otro informe, en sus tareas pastorales se dedicaba hondamente a la explicación de la Doctrina Cristiana, así como a la asistencia al confesionario y al coro.

25 Alonso José Ruiz. Cura de la iglesia de Santa María Magdalena (1721-1743).

Sucedió a don Mateo Román en el curato de la parroquia nazarena en 1721, en el siglo XVIII. Pocos hechos reseñables tuvieron lugar durante su mandato, que, al parecer, transcurrió en la más completa tranquilidad. Fue enterrado en la iglesia de Santa María Magdalena el 20 de agosto de 1743. Previamente había otorgado testamento ante el escribano público de la villa don Alonso Pérez de Arquellada, nombrando albaceas a los presbíteros Francisco José de Rivas y don Gaspar de Pereda, y a su hermana María Ruiz, que también residía en Dos-Hermanas.

26 Juan Eusebio de Castro. Cura propio de la iglesia de Santa María Magdalena (1743-1769).

También fue tranquilo el mandato del sucesor de don Alonso José Ruiz. Un solo acontecimiento ensombreció esa tranquilidad: el famoso terremoto de Lisboa que se produjo el día de Todos los Santos de 1755. El 31 de julio de 1769 fue enterrado «con encomienda en la Parroquial de Santa María Magdalena de esta Villa de Dos hermanas, el cuerpo defunto de don Juan Eusebio de Castro, presbítero y cura de esta dicha iglesia». Según se apunta en este registro, no otorgó testamento alguno por carecer de bienes.

27 Juan Vázquez Soriano y Coronado. Cura propio de la iglesia de Santa María Magdalena (1769-1789).

Nació en la villa onubense de Cortegana en la primera mitad del siglo XVIII, siendo hijo de Juan Vázquez Soriano y de Juana Romero Miguel, ambos también naturales de esa villa. A nuestra villa llegó en 1769 para hacerse cargo de su parroquia, a la muerte del párroco don Juan Eusebio de Castro. Fue una persona introvertida, muy dado a la lectura e interesado en la Historia, sobre todo de su pueblo natal, pero también de nuestra villa. En una carta que don Juan Vázquez Soriano envió en enero de 1788 a don Nicolás Romero de Guzmán, cura de Cortegana, nos reseña sus aficiones: «[…] Vuestra Merced dirá que quién me ha metido a analista y respondo que no juego a los naipes, ni cazo, ni visito, ni salgo al campo sino rara vez, causa porque he descubierto la locura de leer historias y con esto estoy contento de presente». Dos años antes había padecido unas fiebres tercianas que a punto estuvieron de costarle la vida. Si bien la salvó, aquello minó su salud y en mayo de 1788 volvió a ser delicada. Tanto que el día 10 de ese mes dio poder para testar. Fallecería en 1789.

Foto del mes
Traemos una más que curiosa fotografía que fue publicada en la Revista de Feria de 1926 y que muestra la carroza anunciadora de las fiestas patronales del mes de julio. Carroza decorada con flores de papel y tirada por cuatro caballos (aunque aquí solo se intuyen dos). Ellos vestidos a la usanza del XVIII (pelucas incluidas), y ellas con vistosos mantones de Manila. La instantánea está tomada al final de la calle Nuestra Señora de Valme. Vemos al fondo el arco floral colocado a la entrada de la plaza del Arenal, y a la izquierda la casa que hace esquina también con la calle del Canónigo y que aún se conserva.

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