Los primeros pasos del cine en Dos-Hermanas en 1908 (I)

El nuevo entretenimiento de los nazarenos.

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En otro momento hemos tratado la llegada, en 1906, del cinematógrafo a Dos-Hermanas de la mano del sevillano Vicente Llorens. Pero ahora nos centramos en los primeros pasos del cine en el municipio. El invento recibió en nuestra villa muy buena acogida y de esto se dio cuenta, al momento, un avispado empresario alcalareño afincado en esta villa, Manuel Herrero Velázquez, que será el primero en explotar el ‘tirón’ del cinematógrafo en el pueblo.

Según se desprende de una solicitud de 1909, Manuel Herrero pidió al Ayuntamiento en junio de 1908 la primera licencia para instalar un cinematógrafo en Dos-Hermanas, concretamente en la puerta de su establecimiento de bebidas llamado Pasaje de la Alegría, en los Cuatro Cantillos. No debemos olvidar que era el alcalde el único que podía conceder o no la autorización para toda clase de espectáculos. Y tanto en 1908 como en 1909, Herrero consiguió la pertinente licencia para poner junto a su establecimiento (concretamente en la fachada de la casa donde hoy existe una farmacia en la calle del Canónigo) una pantalla de tela donde se proyectaban los cuadros.

En la puerta del establecimiento, Herrero colocaba una serie de veladores, por lo que sus clientes podían admirar las películas de la época mientras consumían. El cinematógrafo se convertía, pues, en un perfecto reclamo para captar clientela. Al mismo tiempo, el Ayuntamiento seguía consignando una partida en los presupuestos para realizar sesiones cinematográficas durante las tres noches que duraban las fiestas patronales en el mes de julio.

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En este recorrido por los primeros pasos del cine, en junio de 1910 volvió Herrero a solicitar la licencia, que fue concedida, aunque el concejal Hidalgo Oliva apostilló “que está conforme en tanto que no se interrumpa el tránsito de la calle Santa María Magdalena”. También la pediría (y sería concedida) en 1911, manifestando entonces el concejal conservador Ricardo Díaz López que «lo mismo que a cualquier otro industrial se le debe conceder la autorización, ahora bien, que a su juicio el espectáculo debe ser moral y decente y que no suceda lo que en años anteriores de tener allí toda la guardia municipal y en la plaza no haya ninguno». A esto replicó el alcalde Federico Caro Lázaro diciendo que “el año anterior si estuvo allí la guardia era debido a que no había otro espectáculo y hoy necesariamente tiene que dividirse y que en noches que no ha habido otra cosa han estado en la plaza”.

Otras solicitudes de licencia

Siguiendo la estrategia de Herrero, en los primeros pasos del cine en Dos-Hermanas, en julio de 1911 Pedro Márquez García también pidió permiso para colocar un cinematógrafo en la fachada de su puesto situado en la plaza de Alfonso XII a la altura de la plaza de Abastos, para que sirviese de entretenimiento en las noches de verano. Sin embargo, el asunto abrió un agrio debate. El concejal conservador Hidalgo Oliva se opuso abiertamente a la concesión de la licencia porque, según él, se había “dado ya una igual para la plaza (se refiere a la licencia del propio consistorio) y que entorpecía el tránsito público, que si la solicitud fuese para otro sitio no tendría obstáculo alguno en que se le concediera”.

Otro concejal, Ricardo Díaz, dijo que el solicitante no estaba “en condiciones legales, por cuanto que en esos puestos está prohibido vender bebidas de todas clases y el concederle la autorización es darle carácter legal y confirmar de una manera tácita que es legal su industria”. A partir de ese momento, la discusión se deriva hacia el asunto de si se podían vender o no bebidas en ese puesto. Finalmente, se lleva a cabo una votación y la solicitud es rechazada con los votos en contra de nueve concejales (todos los conservadores y alguno liberal, como el referido Manuel Herrero) y los votos favorables del alcalde Federico Caro y del concejal Juan Antonio Carazo.

Por otra parte, en esa misma fecha, se vieron varias solicitudes pidiendo licencia para instalar cinematógrafos en la villa. Por un lado, Luisa Guillén Martín y Antonio Quintano Alcoba pedían autorización para instalar uno, la primera en la fachada de su establecimiento y el segundo en el número uno de la calle Santa María Magdalena.

Con esto ponemos fin al presente artículo. En la siguiente entrega, continuaremos analizando los primeros pasos del cine en nuestra ciudad.

Foto del Mes
Coincidiendo con la Vuelta al cole, este año tan peculiar por la situación que estamos viviendo, traemos a esta sección la presente fotografía fechada en torno a 1952 y tomada en una de las aulas del Colegio Nacional Calvo Sotelo, hoy CEIP San Sebastián. Llama poderosamente la atención el mobiliario de la clase: pupitres de madera con orificios para colocar los tinteros, bancas también de madera, dos pizarras pegadas a la pared (todavía eran utilizadas en la década de 1990) y tres elementos presidían la estancia: un crucifijo, un cuadro de la Inmaculada y el retrato oficial del general Franco. Sentados en el centro vemos los recordados José Ruiz Mantero, párroco de Santa María Magdalena, y Enrique Díaz Ferreras, maestro del referido colegio. Junto a ellos, el alumnado del maestro Díaz.

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