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Sí, se veía venir

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PREMONICIÓN

Lamento decirlo, pero esta flojísima Premonición (por cierto, ¿y esta falta de originalidad?; esta es al menos la cuarta cinta que se estrena en nuestro país con el mismo título, a pesar de que en el original sean todos distintos) deja bastante a las claras lo que ya veníamos sospechando desde hace algún tiempo: que los buenos años de un grande como Anthony Hopkins pasaron, y que ahora se debe contentar con papeles insustanciales en cintas menores, intrascendentes, que lo único que consiguen es manchar una carrera magnífica. Y en esta ocasión se le une un Colin Farrell en horas bajísimas. Lo cierto es que ninguno de los intérpretes está a la altura, con unos papeles sin sentido, lineales, indefendibles.

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{xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2015 (101′)
Título original: Solace.
Dirección: Antonio Poyart.
Producción: Thomas Augsberger, Claudia Bluemhuber, Matthias Emcke, Beau Flynn, Tripp Vinson.
Guión: Sean Bailey, Ted Griffin.
Fotografía: Brendan Galvin.
Música: BT.
Montaje: Lucas Gonzaga.
Intérpretes: Anthony Hopkins (John Clancy), Jeffrey Dean Morgan (Agente Joe Merriwether), Abbie Cornish (Agente Katherine Cowles), Colin Farrell (Charles Ambrose), Matt Gerald (Agente Sloman), Jose Pablo Cantillo (Agente Sawyer), Marley Shelton (Laura Merriwether), Xander Berkeley (Sr. Ellis).{/xtypo_rounded3}

Hopkins interpreta a un doctor, antiguo colaborador de la policía ya retirado, al que el FBI contacta para que, con sus poderes psíquicos, les ayude a capturar a un asesino escurridizo que no deja ninguna huella, ningún resto, en sus crímenes. Pronto descubre que el asesino en cuestión tiene aún más poderes que él, y por ello, va siempre un paso por delante de la investigación.

Película pretenciosa, tramposa, mal escrita y peor rodada, que hace uso y abuso de recursos visuales efectistas que pasaron de moda hace décadas y que ya aportan poco más que un pretendido síntoma de autoría. Personajes planos, sin credibilidad y sin entidad, con un malo que da más risa que miedo.

El guión es un cúmulo de sinsentidos, está repleto de agujeros, disfrazando su ausencia de entidad y de interés con imágenes oníricas, visiones de lo que va a acabar siendo la resolución de la historia. Pero claro, eso se ve venir de lejos. Todos podemos tener una premonición, como su propio título indica, de cómo se va a desarrollar y cómo va a terminar la historia.

No es de extrañar que el guión se haya llevado más de quince años metido en un cajón, sin que nadie se atreviese a hacerlo, después de que David Fincher montara en cólera al leerlo, ya que nació con la idea de convertirse en la secuela de la mítica Seven (de la que bebe profundamente y a cuya sombra ni siquiera se acerca).

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