El tieso

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– ¡No mires! ¡No mires!
– Qué no mire ¿dónde Juan?
– Chiquilla, que viene derechito a nosotros el tieso del barrio.

En la playa, cuando piensas que ya has desconectado de toda tu vida cotidiana y te sientes una persona nueva y diferente; aparece el tío paliza al que jamás hubieras deseado encontrar. No sirve de nada hacerte el invisible, te ve seguro.
– ¡Hombre Juanito! ¿Qué haces tú por aquí?
– Ya ves, aquí en la playita.
– ¿Qué estás solo, y la parienta?
Ella, al ver al elemento en cuestión y no darle tiempo de ponerse la parte de arriba del biquini, a toda carrera se ha metido en el agua.
– Se ha ido a andar.
– ¡Coño! ¿no es esa que está en el agua?
– Sí, sí es ella.
– ¡No veas que tetas tiene!
– Tampoco te pases.
– Hombre lo decía con buena intención. Por cierto ¿no tendrás 50 euros para prestarme?
– Ya ves, me coges en bañador.
– No te preocupes, espero que salga tu mujer del agua y se los pido a ella.
El tieso, sabe de sobra que la víctima del sableo se acaba de caer con todo el equipo. Que no puede dejarlo allí esperando que su mujer salga del agua.
– ¿Te hacen 20 euros? Es lo único que te puedo dar.
– Vale, me puedo apañar. Dame también un botellín fresquito de esa neverita que tienes ahí.
Cuando lo ves alejarse con tus veinte euros que das por perdidos y, además se ha bebido la única cerveza que te quedaba para echar la tarde; solo te sale: ¡Me cago en tos sus muertos!

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