Año de gracia de Santa Teresa de Jesús

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El 15 de octubre pasado fue clausulado el Año Jubilar que la Iglesia ha celebrado en el mundo entero, en honor del Quinientos Aniversario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús -que no solamente lo ha celebrado la Orden del Carmen Descalzo, sino que ha sido una apoteosis de celebraciones en toda la Iglesia Universal –dado que Santa Teresa de Jesús es Doctora de la Iglesia, por lo que su “doctrina” nos alcanza y nos enseña a todos. Ella es “Maestra de Espirituales”, con este título fue elevada a la gloria de Bernini por el neoclásico italiano en un impresionante monumento marmoleo en Roma. Teresa de Jesús, esta española es la Santa más grande que ha dado la Iglesia al mundo entero.

¿Quién fue Santa Teresa de Jesús? Me tendría que alargar muchísimo para solamente poder decir algo de esta gloria de la Santa Iglesia que es Santa Teresa de Jesús; para ello, con dolor en el alma, tendré que recurrir a la concreción, digo esto porque es imposible que se pueda concretar a Santa Teresa de Jesús –sin sentir dolor… sentir la sensación de estar mutilándola, pues ¿Cómo se puede resumir en unas pocas palabras la grandeza de un corazón sin que sientas dolor por las cosas que dejas de decir? ¿Cómo se puede ser parco en palabras con quien amó a Dios con un corazón tan grande que después de cinco siglos sigue incorrupto? 

¡Maestra de Espirituales! Ella guió, enseñó un camino, llegando a orientar a hombres y mujeres de su tiempo que, al igual que hoy buscan un sentido a su vida; ante los deseos de búsquedas de contento (la felicidad) en este mundo, que a menudo son espejismos de nuestras propias proyecciones frustrantes, ella nos dice: Solo Dios basta.

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Las palabras de Cristo a la Samaritana: el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed -es la versión teresiana del ¡Solo Dios basta!
Santa Teresa nos descubre por medio de la oración una forma de amistad con Dios, definiendo la oración como: estar mucho tiempo a solas tratando con quien sabemos que nos ama. La oración es un diálogo de amor con Dios, contándole nuestras cosas, con la confianza e intimidad como a un amigo, buscando las palabras de consuelo de quien sabemos que nos ama… Pero no queda ahí la enseñanza de la Santa, sino que también nos dice que Dios habita en nuestro interior, que nuestra alma es un hermoso Castillo de cristal, y que Dios nos espera dentro, y que la oración es la llave que abre las puertas de este Castillo Interior para encontrarnos con Él. Aquí termino de escribir este “algo” de ti… ¡Ay! Teresa de Jesús… ¡Perdóname por lo mucho de tu amor que dejo de decir!

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