Gosling se empantana

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LOST RIVER

Hay ocasiones en las que una película llega a existir únicamente por el nombre de la persona que está detrás. Me refiero a esa (cada vez menos rara) ocasión en la que algunos actores (y menos actrices) deciden pasarse al otro lado de la cámara y contar sus propias historias. De todas ellas, las hay que tienen más éxito que otra; las hay con más calidad que otra; y luego están las que, como decía, si no fuera porque detrás está quién está, posiblemente no nos llegarían, e incluso ni se harían.

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{xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2014 (95′).
Escrita y dirigida: Ryan Gosling.
Producción: Ryan Gosling, David Lancaster, Michel Litvak, Marc Platt, Adam Siegel, Jeffrey Stott.
Fotografía: Benoit Debie.
Música: Johnny Jewel.
Montaje: Nico Leunen, Valdís Óskarsdóttir.
Intérpretes: Christina Hendricks (Billy), Iain de Caestecker (Bones), Saoirse Ronan (Rat), Matt Smith (Bully)), Ben Mendelsohn (Dave), Eva Mendes (Cat), Reda Kateb (Taxista), Barbara Steele (Abuela).{/xtypo_rounded3}

Esto es lo que debió pensar la mayoría de la crítica (prácticamente el 90-95% de ella) en el pasado Festival de Cannes con el debut en la dirección de Ryan Gosling. Los durísimos reproches quizás sean excesivos, aunque es cierto que la criaturita que ha creado el ‘niño mimado’ de Hollywood es altamente pretenciosa. Tanto que provoca un rechazo casi total. 

La historia se sitúa en una ciudad que se derrumba, que ha sido abandonada por la mayoría de sus ciudadanos. En ella, una madre soltera se adentra en un bizarro mundo de fantasía mientras su hijo mayor, que se ha metido en problemas con un matón, encuentra el camino a una ciudad sumergida.
Suena raro, ¿verdad? Lo es. Gosling crea un batiburrillo incoherente en la mayoría de situaciones, en el que mezcla crítica social y momentos surrealistas y macabros. Si fuese original, al menos podía habérsele valorado el riesgo, aunque hubiese fracasado estrepitosamente en el modo de contarlo. Pero no lo es. Gosling ha copiado. Y mucho.

En Lost River (qué fácil es hacer el juego de palabras en spanglish, ‘from lost to the river’, con el trabajo de Gosling tras la cámara) el director copia descaradamente de David Lynch, de Nicolas Winding Refn (que dirigió a Gosling en Drive y Solo Dios perdona) y, en menor medida, de otros varios como Terrence Malick, Harmony Korine… Como resultado, la cinta es un pastiche, una acumulación de elementos (en ocasiones sin el mínimo sentido), una cinta que a veces bordea el exceso y llega al ridículo con varias situaciones. Tiene buenas intenciones, potencia visual en determinados momentos (y una muy buena fotografía), pero como no tiene una dirección clara a la que dirigirse, acaba perdido y perdiendo al espectador.

 

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