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    Ni el chispeo alteró la solemnidad del entierro

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    Santo Entierro volvió a dar ejemplo de sobriedad en una jornada con pequeño susto meteorológico

    Sólo un pequeño susto alteró el pasado Sábado Santo el normal discurrir de la cofradía del Santo Entierro por las calles de Dos Hermanas. Un pequeño chispeo sin importancia, que sólo se quedó en eso, hizo acto de presencia al paso del cortejo por la Plaza de Menéndez y Pelayo, por lo que la hermandad no alteró su ritmo, completando su estación de penitencia con normalidad.

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    Lo hizo, pasada las 22:30 horas, en la Parroquia de Santa María Magdalena, como viene haciendo en las últimas Semanas Santas, con todo el cortejo formado en el interior del templo hasta que el palio de cajón negro de la Virgen de la Soledad hace su entrada y se coloca en su sitio.

    Con esta solemnidad se puso el broche a una nueva Semana Santa, en una jornada de luto, la del Sábado Santo, que quedó patente en uno de los varales del palio. Un lazo negro por José Díaz Núñez, fallecido recientemente y que fuera oficial de la hermandad antaño.

    Para esta estación de penitencia, la corporación estrenó un paño para la Verónica, obra de Soledad Delgado Pizarro, que bendijo esa misma mañana.
    Otro Sábado Santo más, Santo Entierro fue ejemplo en la calle de elegancia y recogimiento en torno a la muerte de Cristo, sobre todo en el último tramo, desde Rivas a su entrada, en el que la cofradía fue muy compacta y recogida al son de imponentes marchas tras el palio de la Soledad.

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