Hasta otra ocasión

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    (Lucas 4,1-13) POR SI fuera poco mostrar en el Evangelio que Jesucristo fue tentado, el evangelio de San Lucas acaba el relato de las tentaciones con esta frase: “el tentador se retiró hasta otra ocasión”. La vida de Jesucristo, como la de cualquier persona, estuvo jalonada de tentaciones. En el relato de este domingo se nos proponen tres: no confiar en que el Padre iba a cuidar de él, de su vida, de sus necesidades primordiales como persona; desconfiar de la humildad y la lentitud del crecimiento del Reino; querer imponer los proyectos propios sin respetar la libertad de los demás.

    Eran tentaciones sutiles, pero corrosivas. Bajo apariencia de bien, la desconfianza, la soberbia y el orgullo, no podían ser los caminos para que cada persona descubriera en Dios a un Padre.

    Este es uno de los peligros de nuestra vida personal y social, el mal aparece siempre con apariencia de bien. Os propongo algunos discursos que pueden destruirnos, y corromper nuestra vida social y personal, a ver qué os parecen:
    “Yo soy libre, y nadie tiene que decirme qué tengo que hacer ni cómo tengo que comportarme. Mi cuerpo es mío; mi vida es mía; yo soy el único dueño de mi destino…”

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    “Yo tengo que luchar por los míos, si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer? Si cada uno mira por su propio interés, ya todos irán avanzando…”

    “Aunque haya engañado a su mujer y a sus hijos, la vida personal no tiene nada que ver con su integridad pública…”

     

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