Rocío Alonso anima a la juventud católica a proclamar su fe y a que se valore su esfuerzo

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    exaltación juventudLa exaltadora le dio al pregón forma de cuento navideño y familiar

    Armada de valor, como ella misma reconoció, Rocío Alonso se subió al atril dispuesta a exaltar a Jesús del Gran Poder con la pasión que sólo alguien vinculada desde la infancia a la hermandad puede demostrar. Animó a los jóvenes católicos a proclamar su fe y tuvo un recuerdo especial hacia su familia. A sus padres primero, como ejemplo, y a sus hijos y marido, a los que retrató como protagonistas del cuento eje de su pregón.
    Antes, el presentador, Juan María Ramírez, amigo de la familia de Rocío, hizo un recorrido por toda su vida, desde el momento de su nacimiento, su paso por el colegio religioso de la Compasión, su boda con otro hermano de Gran Poder y el nacimiento de sus dos hijos, “que corretean bajo el manto del maestro”. Alabó su personalidad, “eres extremadamente inocente, tu éxito lo has obtenido a través de la tolerancia, la perserverancia, la inteligencia y el amor” antes de darle paso dirigiéndose a ella: “tú conoces muy bien al Señor del Gran Poder”.

    rocío alonsoRecuerdos
    Rocío comenzó su pregón leyendo una carta de un hijo de unos amigos, un “niño maduro”, que alababa al Señor, y recordó cómo hace algunos años ya, el que después acabaría siendo su marido, José Miguel, fue el encargado de la exaltación de la juventud.
    Poco a poco fue desgranando los recuerdos de su infancia, desde que le enseñaron a amar al Nazareno hasta que vestía a sus hermanos o las primeras exaltaciones mientras la capilla actual estaba en obras, así como el anhelado momento del traslado de los titulares.
    Rememoró cómo la Epifanía está relacionada con la exaltación del Gran Poder, cuando, ante la duda, consultó la Biblia y halló respuesta en los versículos de San Mateo. Jesús demostró su gran poder ante el mundo salvándose de la muerte a que lo había sentenciado Herodes.

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    El día de la Epifanía es también para Rocío un día especial, en el que se tiene a Jesús muy presente, un momento “único, mágico, para dedicarselo a Él y adorarlo”;

    Cuento navideño
    Acto seguido comenzó a contar un cuento navideño, con sorpresa incluida, ya que los protagonistas, dos niños que colocan las bolas del árbol de Navidad ayudados por su madre no eran otros que sus propios hijos.

    Cada bola del árbol llevaba escrito un mensaje muy especial, los diez mandamientos. Rocío, con la ilusión de una madre iba explicando uno a uno el significado de cada ley divina. Resaltó el valor de la caridad, en días en los que se mira para otro lado en lugar de ayudar al prójimo, animó a los jóvenes a proclamar su fe en institutos y facultades sin miedo a sentir el ridículo, y conminó a los asistentes a reconocer y valorar el esfuerzo de estos jóvenes católicos, desde el seno de su hermandad. Cuando habló de honrar a padre y madre dedicó unas palabras a sus propios progenitores y posteriormente pidió al Gran Poder que no le permitiera perder la fe. Explicándole a sus hijos el significado de “No matarás”, arremetió contra los terroristas y los dirigentes que provocan guerras, y calificó de acto impuro darle la espalda a quien te necesita.

    Rocío acabó su exaltación colocando al Señor del Gran Poder en la bola más alta del árbol, para “que todos sepan cuánto lo queremos”.

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