Bélgica en Inter-Raíl (II). Ciudades medievales

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bélgicaEl viajero quedará verdaderamente embrujado al navegar por los sinuosos canales medievales, los Reien, mientras contempla los antiguos monumentos que los rodean, junto al Lago del Amor, en su Beaterio, o reposando plácidamente en las terrazas de los cafés. Casi toda la ciudad es medieval, dentro de sus murallas se pueden contemplar numerosos monumentos importantes. Es un gran museo al aire libre. El centro es un laberinto de callejuelas, plazas y canales llenos de encanto. Brujas, la ciudad mística y maravillosa, merece ser recorrida a pie, ya que está rodeada de canales y parques que constituyen un entorno sin igual. 

Gante está a sólo 45 kilómetros de Brujas y a 55 de Bruselas. Dicen que quien no ha visto Gante se pierde la mitad de Bélgica por ver, y la verdad es que tienen razón. Si Brujas es una de las ciudades más bonitas, no sólo de Bélgica, sino del resto del mundo, Gante no lo es menos. Sus dos ríos bañan la ciudad, envuelta entre calles, edificios e iglesias que hacen de la visita un auténtico retroceso al medievo. Sus principal atractivo turístico es el centro de la ciudad, donde se encuentran el canal Leie y las tres torres gigantescas. Lo recomendable es visitar la ciudad a pie, pudiendo incluso coger un barco que navega por el canal. El antiguo mercadillo de telas, Lakenhalle, la Fuente de los Arrodillados, o el Ayuntamiento, Stadhuis, considerado como una de las obras más importantes de la arquitectura del país, representan el centro histórico de la ciudad y anuncian el paso al conocido barrio de Patershol, lugar favorito para bohemios y artistas.

bélgicaEn este caso, Ana, María, Montse y Silvia, cuatro profesoras catalanas, fueron mis acompañantes en el recorrido de esta bella ciudad, me alojaron en su hotel y me dieron cobijo cuando lo necesité.
En las afueras de Gante, es también recomendable la visita a los varios molinos allí existentes, que entre sus caminos y campos se encuentran dispersos entre los canales.

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Bruselas es la capital de Bélgica y también de la Unión Europea; alberga la sede del Parlamento y Comisión Europea, así como de la OTAN. A pesar de este hecho, que parece marcar tanto la imagen de la ciudad, Bruselas y su millón de habitantes conservan su ambiente provinciano, antiguos barrios populares y una rica vida cultural. La referencia y centro de esta ciudad es la Grand Place. Aquí se encuentra el Ayuntamiento,  rodeado de otros tantos edificios, donde sus fachadas son el deleite del viajero. Bruselas es una ciudad moderna, muy moderna, cosmopolita, donde fácilmente nos encontramos gente de todos los rincones del mundo, pero cuando nos movemos por la parte antigua, la gran capital parece estar reducida a un solo pueblo de provincia.

Uno de los grandes objetivos  cuando se viaja a esta ciudad es descubrir el famoso Maneken Pis. Cuenta la leyenda que un gran incendio se declaró en esta hermosa ciudad, cuando estuvo  casi a punto de desaparecer, un niño lo intentó sofocar  con un gran “pis”. Esto es sólo una leyenda, pero lo que no lo es, es la búsqueda desesperada de esta escultura por el centro de Bruselas. Atónito se queda uno, cuando en un pequeño rincón, detrás de la Grand Place, de dimensiones minúsculas y ataviado con  distintas vestimentas  nos encontramos con este pequeño símbolo, donde todos los viajeros extrañados lo contemplan y piensan en voz baja “ pensaba que era bastante mayor”.

El Atomium, monumento construido en 1958, es el más representativo de Bruselas. Es una representación de un átomo. Simboliza el elemento químico del Hierro con sus 9 átomos pero aumentado en 150 mil millones de veces. En su momento fue creado para honrar a la industria atómica. Su creador es el arquitecto André Waterkeyn. Fue construido en 18 meses y pesa aproximadamente 2400 toneladas y posee una altura de 102 metros. Se puede subir por ascensor o por escaleras mecánicas, desde arriba podemos tener unas buenas vistas de la zona de Heysel y si tenemos suerte y no está nublado podemos tener magnificas vistas de toda Bruselas. En una esfera está el restaurante Chez Adrienne, en las demás podemos visitar exposiciones.

“Es la una de la madrugada, y yo sentado junto a mi mochila, en la Grand Place, acompañado por otros tantos extranjeros, que al  igual que yo, charlan y comparten experiencias viajeras…, pero esta noche no sé donde dormiré. Uno de ellos, Jaime, un español afincado en  Bruselas desde hace varios años me invita a su casa, o mejor dicho a la casa de los españoles trabajadores, estudiantes, perdidos, colgados, despistados, abandonados…. Me aventuro en esta andanza por las calles de Bruselas, son las dos de la mañana, y no hay bar, disco, pub en el que no intente entrar, una cerveza aquí y otra allí… y otra más, esta es la última.
Ya casi a las cuatro de la mañana, por fin llegamos, pero ¿ dónde he llegado ?, es una casa de ocupas !! A tientas y sin luz pude encontrar una habitación. Difícil tarea, ya que casi todas estaban ocupadas por no sé cuanta gente. Por la mañana, muy temprano y casi sin dormir abandoné ese <<hotel>> que durante esa noche me albergó”.

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