Sexos frente al periódico

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    Recuerdo el pasado noviembre lo que ocurrió en mitad de un torneo de cierto deporte de playa en el que tuve ocasión de participar. Había cuatro pistas, y en cada una de ellas cinco jugadores por equipo empleándose a fondo a base de carretones y paradas bruscas. Músculos en tensión y nervios de acero. Todo como debía de ser hasta que el impresionante equipo de sonido que habían montado en la arena comenzó a emitir La Valquiria de Richard Wagner para disfrute de público y jugadores.

     

    Inmediatamente destacaron los jugadores que por hacerse los graciosos daban pasos de ballet sobre la arena mientras movían los brazos como si se ajustaran un tutú. Hasta aquí “jaja”, pero lo realmente interesante fue que el ritmo de juego cayó en picado. Los jugadores corrían menos, y se detenían más tiempo. Desde la grada se podía apreciar un cambio en el ambiente. Wagner había calmado a las fieras.
    Los medios nos afectan, y mucho; sobre esto ya corren ríos de tinta. ¿Pero sería posible que nosotros, inconscientemente, echáramos mano de los medios para crear nuestro propio ambiente? Científicos de Ohio State University en colaboración con un equipo de Michigan han publicado un experimento que pone esto muy de relieve.
    En la prueba participaron 86 estudiantes universitarios. El objetivo era nada menos que conseguir animadversión (lo que en mi pueblo llaman cabreo), y luego comprobar cómo reaccionaban ante un periódico. Pero vamos por partes.
    A la mitad de los participantes se les dijo que al final de la prueba podrían evaluar al encuestador y opinar si merecía conservar el trabajo. A la otra mitad no se le dio ninguna posibilidad. Lo primero que se hizo con todos es ponerles durante dos segundos una foto por delante. En la foto siempre aparecía un tipo con cara de póker. Retiraban la foto y le daban a elegir entre seis estados de ánimo para que le asignaran uno al individuo. Esto lo repitieron con veinte fotos, todas con caras neutras.
    Una vez que hicieron esto, se les dijo al azar una de las dos siguientes cosas: “Los datos muestran que usted acertó en un 45% y por tanto usted tiene una cierta limitación social” o bien “Los datos muestran que usted acertó en un 15% y por tanto usted es un inepto social”. El objetivo, como no, era tener un grupo de “leve enfado” y otro “bastante enfadado”. Nótese que daba igual lo que contestaron en la parte de las fotos.
    Finalmente se les dio a leer un periódico digital que tenía doce artículos de actualidad. Seis de ellos eran de temas positivos (avances médicos, desarrollo…), y los otros seis eran de temas considerados negativos (injusticias sociales, guerras…). Sin embargo sólo tuvieron tiempo para leer unos pocos; los que más les interesaran. El ordenador registraba qué artículos del periódico digital habían elegido.
    Los resultados reflejaron un comportamiento muy llamativo, y como en otras ocasiones, tenía que ver con el sexo del sujeto puesto a prueba. Los hombres calificados de ineptos sociales a los que además se les había dado la oportunidad de evaluar al encuestador escogieron artículos negativos y luego hicieron una crítica más dura del encuestador. Sin embargo, las mujeres en la misma situación eligieron artículos positivos que siguieron a una calificación menos dura del encuestador.
    Parece, según los investigadores, que los hombres tienden a leer artículos que les permitan mantener la tensión en momentos de enfado, y que incluso pueden conseguir enconarlos más para descargar toda su furia en el momento que tengan oportunidad. Las mujeres, muy al contrario, buscan los artículos más positivos para disipar su enfado y con ello la tensión en un posible futuro enfrentamiento. Sin embargo ambos sexos se comportaron de forma semejante cuando no se les ofreció la oportunidad de vengarse, seleccionando más artículos positivos que negativos.
    El corolario de esta experiencia es bien sencillo: los medios nos afectan, pero también nosotros los usamos para que encajen en nuestras situaciones y estados de ánimo. Tenemos pues en nuestra lectura un reflejo de cómo nos encontramos. A ver a qué página pasa usted el periódico ahora…

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