Miedo a la locura

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'La verdad oculta'

Título origInal: Proof. (95’)
Director: John Madden.
Producción: Jeffrey Sharp, John N. Hart Jr, Robert Kessel y Alison Owen.
Guión: David Auburn y Rebecca Miller, basado en la obra de David Auburn.
Fotografía: Alwin Küchler.
Música: Stephen Warbeck.
Montaje: Mick Audsley.
Intérpretes: Gwyneth Paltrow (Catherine), Anthony Hopkins (Robert), Jake Gyllenhaal (Hal), Hope Davis (Claire), Gary Houston (Profesor Barrow), Roshan Seth (Profesor Bhandari), Anne Wittman y Leigh Zimmerman (Amigos en la fiesta). 

A veces da gusto ir al cine, sobre todo cuando te encuentras con películas tan estimulantes como esta La verdad oculta (título, el español, que desvela más de lo que sería conveniente, pero que es un hecho habitual en nuestra cinematografía del doblaje), porque el cine comercial (y cada vez más incluso el independiente) tiene cierta peligrosa tendencia a presentar cintas donde el argumento, la historia, el trasfondo y hasta el mensaje que se pretende lanzar se presentan de modo deglutido, masticadito, sin ocultar nada, contando hasta el más mínimo detalle de lo que se pretende, para que esl espectador no tenga que entretenerse en pensar y pueda dedicarse a la tarea de mascar palomitas, y cada vez es menos frecuente ver cintas que hagan pensar, un cine reflexivo que deje marca en el espectador. La verdad oculta pertenece a este último grupo. Y se agradece.
Catherine está a punto de cumplir los veintisiete. Su padre, un eminente matemático que publicó su teoría más importante a los veintidos años, y por el que ella lo abandonó todo para cuidarle cuando cayó enfermo, acaba de morir. Ahora debe enfrentarse a la llegada de su hermana Claire, una maniática del orden en su vida con la que casi no se habla y que pretende organizarle la vida; de Hal, un alumno de su padre, que intenta encontrar algo de lucidez en alguno de los numerosos cuadernos que escribió el matemático estando enfermo, y con el que Catherine comienza una relación, y, sobre todo, con el temor a que se repita el pasado, a que ella haya heredado de su padre la locura que le dejó incapacitado a la edad que ella va a cumplir, y que acabó con él, en vez de la inteligencia que ella parecía poseer en sus primeros años universitarios.
La película es muy interesante, como la obra teatral de la que procede (el autor ha sido el mismo que ha hecho la adaptación al cine), con diálogos profundos, con contenido, que en ningún momento (pese a lo que algunos puedan pensar) llegue a resultar monótono.
Las interpretaciones del  cuarteto protagonista son soberbias. Al retorno de la mejor Gwyneth que se recuerda desde el Oscar (por cierto, dirigida por John Madden, el mismo que le hizo ganar la estatuilla por Shakespeare enamorado) se une el talento de Anthony Hopkins, la solvencia habitual en la poco conocida Hope Davis y el buen hacer de Jake Gyllenhaal (que este año ha encadenado tres buenas cintas, con esta, Jarhead y Brokeback Mountain).
Buen cine del que nos estamos quedando huérfanos, cada vez más acostumbrados al cine lobotomizante que nos llega desde el otro lado del charco.

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